El oro pierde fuelle mientras los inversores temen que un aumento en los precios de la energía impulse la inflación
La escalada de las tensiones en Oriente Próximo y las preocupaciones por el cierre del estrecho de Ormuz, vía marítima clave por donde pasa alrededor de una quinta parte del consumo mundial de petróleo, agravan la sangría en las Bolsas tras las fuertes pérdidas de ayer. El Nikkei de Japón -país muy dependiente del exterior para su energía- retrocedió un 3%, mientras las acciones chinas registraron caídas más moderadas, de algo más del 1%. El índice Kospi de Corea del Sur se desplomó un 7%. Los futuros estadounidenses apuntan a la baja y las Bolsas europeas retroceden un 3%, nerviosos los inversores por el impacto en la inflación y el crecimiento. En España, el Ibex 35 cede un 3,4% y pierde el nivel de los 17.300 puntos. El selectivo español pierde más de 100 puntos desde ayer.
Sin señales de una desescalada del conflicto, los inversores evalúan el bloqueo de los flujos energéticos a través del estrecho de Ormuz. Funcionarios iraníes prometieron atacar cualquier barco que intentara pasar por la vía marítima, lo que aumenta la posibilidad de interrupciones en los suministros de crudo de los principales productores del Golfo, incluidos Arabia Saudí, Irak y Emiratos Árabes Unidos. El coste de contratar un superpetrolero para transportar petróleo desde Oriente Medio a China se disparó hasta un máximo histórico de más de 400.000 dólares diarios, según datos de LSEG. El petróleo continúa al alza y sube más del 4% tras dispararse un 8% la víspera. El Brent, de referencia en Europa, sobrepasa los 81 dólares el barril, avivando los temores de un aumento de la inflación. Por su parte, el precio del gas acelera su virulenta subida en los mercados europeos y este martes marca un alza del 30%, tras encarecerse un 40% el lunes. Los operadores han reducido sus apuestas de un recorte de tipos por parte de la Reserva Federal (Fed) de EE UU, cambiando el escenario de unos mercados ya inestables por los miles de millones que las empresas están invirtiendo en inteligencia artificial y las preocupaciones sobre el impacto disruptivo de esta tecnología.









