Los rojiblancos, menos fiables en defensa ahora, se juegan gran parte del curso en el Camp Nou

Cuando finalizó el encuentro de ida en el Metropolitano, Diego Simeone estaba muy satisfecho por la exhibición ofrecida. Pero entre bambalinas lamentó no haber logrado un quinto gol que ya sí consideraba que podría haber cerrado de manera definitiva las semifinales de la Copa. ...

En otros momentos de la era Simeone, que el Atlético de Madrid se presentara en un partido de vuelta con cuatro goles de ventaja convertía en una quimera imposible cualquier intento de remontada por parte de sus rivales. Eran los tiempos de aquel equipo rocoso e impenetrable de los Godín, Miranda, Giménez, Gabi, Tiago, Filipe, Juanfran o Raúl García, tenido por el mejor del mundo en la defensa de los espacios. Ese Atlético tan sólido ya no existe, incluso aunque Oblak, suplente esta noche, haya seguido coleccionando el trofeo Zamora al portero menos goleado. Transmite el equipo rojiblanco, en más partidos de lo que desearía su entrenador, sensación de vulnerabilidad defensiva.

El intento por evolucionar el juego asumiendo más riesgos con y sin balón y los perfiles de las contrataciones han contribuido a enterrar parte de la solidez defensiva que caracterizó al Atlético de Simeone. La manida contundencia en las áreas que tanto pronuncia ahora en las derrotas o en las victorias, por entonces solo hacía referencia al área rival. La propia era invulnerable hasta desquiciar a sus rivales más sofisticados, incluido el Barça de Messi o el Bayern de Guardiola.