No nos dejemos engañar sobre las chuscadas sobre la mujer de Tejero: el 23-F fue un momento dramático de la democracia española
Antonio Tejero no había leído a Curzio Malaparte cuando decidió tomar al asalto el Congreso de los Diputados. En su libro Técnica del golpe de Estado, advierte que el conflicto del siglo XX radicaría entre el respeto a a la democracia parlamentaria o su desprecio absoluto. La noche del intento de golpe, las familias españolas se refugiaron en casa y aguardaron con angustia la desembocadura de aquel acto, que desde el momento en que llenó de balazos el cielo del hemiciclo torció su destino....
Al día siguiente, tras ir a clase y encontrar las aulas medio vacías, volvimos a comer a casa y la televisión había programado una comedia estadounidense. La llegada de la risa se traduce como el fin del miedo. Desde la liberación de los parlamentarios secuestrados por los guardias civiles el relajo social provocó una avalancha de chistes que incluían tricornios, bigotones y soflamas. Hubo comedias tituladas Todos al suelo y hasta el guionista bohemio Perico Beltrán compuso, con su habitual estilo oral, una parodia del golpe de Estado con todos sus protagonistas principales cantando adecuados fragmentos de las zarzuelas más conocidas de nuestro repertorio.






