El partido ultra desautorizó al ‘número dos` de la Junta de Castilla y León en la crisis del latido fetal para no dañar sus expectativas electorales
A Juan García-Gallardo Frings se le puso cara de vicepresidente aquel 13 de febrero de 2022. Se la notó el líder de Vox, Santiago Abascal. Su partido había conseguido el mejor resultado cosechado hasta entonces en unas elecciones autonómicas: 13 escaños y el 17,6% de los votos. Gallardo era un absoluto desconocido pocos meses antes. Burgalés, hijo de un exitoso abogado con despacho en Burgos y Madrid, graduado en Derecho por la Universidad Pontificia de Comillas, todavía no había cumplido 31 años. ...
En esa época, Vox cuidaba mucho la imagen de sus candidatos. Tras descartar su propia cantera, de la que la que formaba parte el veterano Carlos Pollán, que se presentaba por segunda vez a unas autonómicas por León, organizó un casting para encontrarlo. Gallardo tuvo que superar tres filtros antes de ser seleccionado. Primero, lo citó el entonces secretario general, Javier Ortega Smith, en su despacho del Congreso; luego, acudió a la sede nacional del partido en la madrileña calle Bambú y, finalmente, Abascal se lo llevó a su pueblo natal de Amurrio (Álava) y pasó el día con él antes de darle su bendición. Gallardo tenía el perfil que Vox buscaba: un rostro juvenil y dinámico para una región envejecida y falta de perspectivas de futuro, moderno en la forma y ultraconservador en el fondo. Activo tuitero y buen orador, había competido con éxito en campeonatos internacionales de debate.






