En varias ciudades, pequeños grupos de ciudadanos se atrevieron a salir a las calles para celebrar públicamente. Reza Pahlaví, hijo del último shah de Irán, insta a la ciudadanía a protestar en sus viviendas

La noche del domingo, cuando comenzaron a circular las primeras noticias sobre la muerte del líder supremo iraní, Ali Jameneí, la sociedad iraní quedó en estado de conmoción: unos reaccionaron con júbilo y otros con profundo pesar. En las primeras horas, numerosos iraníes expresaron su alegría desde el interior de sus viviendas, coreando consignas contra el régimen. En contraste, los seguidores del sistema, apoyándose en agencias de noticias oficiales, calificaron la información de conspiración destinada a localizar el paradero del líder supremo y, preocupados por su estado de salud, recurrieron a oraciones colectivas, ya que, siguiendo el patrón habitual de los medios estatales —fuertemente controlados—, en situaciones sensibles, este tipo de noticias suele ser desmentido inicialmente y confirmado horas o incluso días después.

Al mismo tiempo que el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, confirmaba la noticia, el despliegue de fuerzas Basij, milicias islamistas y policía antidisturbios en las calles contribuyó a reforzar la percepción de que los rumores eran ciertos.