El vestuario entre los invitados se atiene al guion actual que garantiza el éxito, al menos en las redes sociales: alarde de creatividad y métrica digital. Así se viste la celebridad en tiempos de valor de exposición mediática donde lo que importa es convencer al algoritmo

En el palmarés de la cuadragésima edición de los premios de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España hay un ganador que ni siquiera estaba nominado. Competidor fantasma, tampoco es que tuviera rival, da igual la categoría. Su triunfo, para el caso, dice seguramente más de nosotros ahora mismo como sociedad que lo pueda contar cualquier película.

Juez y parte de las relaciones sociales de nuestro tiempo, árbitro de preferencias y comisario de gustos, el algoritmo se ha llevado los Goya 2026 de calle (de redes, mejor) con esa gélida métrica predictivo-comparativa que pone precio a la experiencia audiovisual compartida: algo más de 68 millones de euros en valor de impacto mediático, cifra equivalente al retorno de inversión publicitaria según el rendimiento/alcance público de todo lo acontecido este sábado en el Auditori Fòrum del Centre de Convencions Internacionals de Barcelona (CCIB). Y, si no, que venga TikTok y lo cuente, que para eso ha sido uno de los patrocinadores de la gala.