En Andalucía, Hidralia impulsa la regeneración de agua, un modelo de gestión para garantizar la sostenibilidad del servicio frente a un ciclo natural cada vez más extremo
No se trata de un cliché ni un espejismo del imaginario colectivo: la sequía en Andalucía es un problema estructural, y las lluvias de estos meses no compensan los largos periodos secos que se prevén y que convierten a la región en una zona con déficit crónico de agua.
Las precipitaciones, cada vez más escasas e irregulares, se concentran en episodios intensos con lluvias torrenciales, que no compensan los largos periodos secos. Esta realidad convierte a la región en una zona con déficit crónico de agua.
En algunas cuencas andaluzas, los embalses han llegado a situarse por debajo del 25% de su capacidad. Municipios medianos tuvieron que aplicar restricciones nocturnas y limitaciones al riego urbano. A ello hay que sumar los problemas de salud y de calidad de vida que provoca este nuevo patrón climatológico con olas de calor más intensas, que incrementan la mortalidad asociada a estrés térmico, y episodios de lluvias extremas que generan daños en las infraestructuras. Una alternancia sequía-inundación que afecta a sectores clave como la agricultura y al turismo, entre otros muchos.






