Los ataques del partido ultra a la Iglesia en los últimos meses han provocado que una decena de prelados critiquen el discurso antiinmigración
Santiago Abascal se ha topado con una muralla demasiado ancha y sólida como para causarle tan siquiera un solo arañazo: la Iglesia católica española. Desde el pasado agosto, el líder de Vox fue el primero en agitar el avispero clerical cuando criticó a los obispos por apoyar a la comunidad musulmana de Jumilla y defender la acogida de los migrantes en situación irregular, entre otros reproches a la postura de la Conferencia Episcopal Española (CEE) ante diversos temas sociales. La respuesta de una parte de los prelados, acostumbrados a refugiarse en el silencio, no tardó en llegar. “Un xenófobo no puede ser un verdadero cristiano”, dijo en Catalunya Ràdio Joan Planellas, arzobispo y líder de los obispos catalanes.
Los ataques del partido ultra se endurecieron en enero, después de que el Gobierno aprobara un plan para poner en marcha una regularización extraordinaria de inmigrantes y que la CEE la apoyase sin condiciones. “La oligarquía al completo odia al pueblo español”, publicó en X un miembro de la dirección de Vox. Abascal afirmó también que “hay obispos que están haciendo negocio con la inmigración”.






