El ministro de Defensa paquistaní ha confirmado en sus redes sociales que “ahora hay una guerra abierta” entre ambos países

El enfrentamiento entre Pakistán y el régimen de los talibanes de Afganistán se ha agravado este viernes con bombardeos en Kabul y otras dos provincias afganas. Es más que una respuesta a los ataques talibanes contra varios puestos fronterizos de la víspera. El ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, lo ha confirmado al escribir en sus redes sociales que “ahora hay una guerra abierta” entre ambos países. Se ha roto el alto el fuego gestionado por Turquía y Qatar tras los choques entre los dos vecinos el pasado octubre, que dejaron varias decenas de muertos.

¿Qué ha pasado? ¿No fue Pakistán, o más precisamente su inteligencia militar, quien ayudó a los talibanes a llegar al poder en Afganistán en 1996 y, tras la intervención estadounidense de 2001, sirvió de refugio a los dirigentes de ese grupo e incluso hizo la vista gorda a las incursiones desde su territorio contra los militares occidentales?

Mucho ha llovido desde entonces. El doble juego del ejército paquistaní hace años que le estalló en casa. La ideología ultramontana de los integristas afganos encontró caldo de cultivo entre sus hermanos paquistaníes de las regiones tribales del otro lado de la frontera, pastunes como ellos y marginados históricamente por Islamabad. Desde su fundación en 2007, el grupo de los talibanes paquistaníes, Tehrik-e-Taliban Pakistan (TTP), se convirtió en una amenaza para el Gobierno paquistaní. La violencia de sus atentados, con centenares de víctimas civiles, desató una contundente respuesta militar que, para mediados de la década pasada, había llevado a la cárcel a muchos de sus dirigentes y reducido su capacidad operativa.