Este documental retrata a un escritor tan inteligente como honesto, nada acomodaticio, lúcido, buscador incansable de esa cosa tan resbaladiza llamada verdad
No me distraigo en ningún momento del atractivo y también aterrador documental Orwell: 2+2=5. Y continúa en mi cabeza en la sala de espera de un hospital. Cuento a 19 personas a mi alrededor, algunas solas, otras acompañadas, jóvenes, maduras, algún anciano —como el firmante de esto—, incluso adolescentes. Y descubro con estupor durante la larga espera, y en medio de un silencio absoluto, que todos y todas, solos o en compañía, está...
n mirando la pantalla de un teléfono, sin nada que contarse entre ellos.
Y pienso inevitablemente en el ente que controlaba todo y a todos, en aquel terrorífico Gran Hermano que aparecía en la sombría, terrible y visionaria novela de George Orwell 1984. Le pongo nombres a los actuales dueños del universo, los que rigen con sus inventos tecnológicos la vida de los seres humanos.
Se llaman Elon Musk, Mark Zuckerberg, Jeff Bezos, Sam Altman. Todos ellos en perfecta sintonía, en nombre del gran negocio, con políticos feroces enamorados de la autarquía y de sí mismos, gente tan poderosa como siniestra, empeñada en repartirse el mundo a sangre y fuego o con amenazas permanentes. Orwell, que vivió el nazismo, la guerra civil española y otras barbaries, podría haber imaginado la existencia de Putin, Trump y Netanyahu, tantos profesionales en la historia actual de la infamia.






