Imagen del videojuego Resident Evil Requiem. EFE/Javier Picazo
Javier Picazo Feliú |
Madrid (EFE).- En todo buen clásico de terror y supervivencia hay momentos de ansiedad y miedo, y otros de adrenalina y acción, en los que se libera de manera visceral la tensión acumulada. Dos caminos que ‘Resident Evil Requiem’, novena entrega de la saga de survival horror más famosa de los videojuegos, lleva al extremo con un juego que es todo lo que un amante del género podía esperar.
Si en las dos anteriores entregas Capcom llevó el juego a una granja escalofriante en una zona rural de Estados Unidos (con aroma a la película ‘Texas Chainsaw Massacre’), y después a una aldea perdida en el corazón de Europa controlada por vampiros y licántropos, ahora vuelve a sorprender y toca el turno de volver al origen, a la ciudad de Racoon City, epicentro del brote de virus creado por la corporación Umbrella.
Un escenario clave que regresa como lo recordamos, plagado de zombies y abominaciones deambulando por las mismas calles y edificios en las que empezó todo hace ya la friolera de 30 años, en una franquicia que ha vendido más de 180 millones de copias en todo el mundo desde su primer título de 1996.







