No se trata solo de tener una cuenta o de que más personas accedan a servicios bancarios, sino de las finanzas día a día, enfrentar imprevistos y planificar un futuro
“¿Dónde está el señor de las macetas?”. Más de un millón de personas buscaban, hace cinco años, en plena pandemia, a Eduardo Cortez, un artesano local que vendía macetas de madera bajo un puente de la autopista Panamericana en el Gran Buenos Aires. Eduardo había pintado a mano, sobre un pedazo de cartón, el logo de Mercado Pago, la billetera virtual más grande de América Latina, para mostrar que aceptaba pagos digitales. Una foto del cartel se viralizó en las redes y desató una conversación que mostró los beneficios de la inclusión financiera.
La historia de Eduardo, “el señor de las macetas”, ilustra el poder del acceso a servicios financieros. Que cualquiera, sin importar su nivel de ingresos o su ubicación, pueda participar en la economía formal y tener más oportunidades, con más seguridad. Hoy, esa posibilidad está al alcance de millones de personas en América Latina y el Caribe favorecida por la imparable penetración de las tecnologías móviles y de los teléfonos inteligentes, que ya ofrecen un porcentaje de adopción cercano al 80%. En solo cinco años, más de 60 millones de adultos se sumaron al sistema financiero, la mayoría a través de canales digitales, y los pagos electrónicos se multiplicaron por cinco desde 2019.






