La filósofa y psicoanalista Anne Dufourmantelle invita al lector a entrar en el juego de este ‘thriller’ para resolverlo, para darle un sentido íntimo y personal

Alexeï, el Orfeo que nos ocupa, parte en un viaje dislocado en el tiempo por Róterdam, Nueva York, la antigua Kushka, el contorno del Sena, un imaginario Vouchenko y Rusia como linaje simbólico. Parece buscar a su Eurídice, desaparecida en un crimen, pero como en el mito, no la lleva delante, ...

la arrastra detrás. Se mueve por geografías difíciles de acotar. Aunque los mapas digan lo contrario, los lugares también pertenecen al terreno de lo mental, hay psicogeografía en ellos. Todo en esta trama evoca al misterio, nos invita a participar de un juego que siempre necesita normas, a veces evidentes, otras solo intuidas. Reconciliarse con lo oculto es un acto revolucionario en una sociedad —aún la actual— donde la exigencia de la transparencia y la falacia de la autenticidad ponen una luz ficticia sobre lo que solo puede verse en lo oscuro.

El misterio —y el Elogio al riesgo (2011)— fueron temas indisociables de la carrera de Anne Dufourmantelle (1964-2017). Llevando la teoría al cuerpo hasta el extremo, la autora murió salvando a unos niños del oleaje en la playa de Saint-Tropez. Desde entonces, su bibliografía traducida al español son perlas difíciles de encontrar. Filósofa y psicoanalista de profesión, da herramientas al lector para que trabaje con su subconsciente y construya su recorrido. La lógica nunca encontrará una vía recta, sus medios son el rodeo y la tangente, que permiten desviarse del sentido único y volver a pensar. La novela policiaca, en este caso, es ideal como espejo del psicoanálisis y la necesidad de atar cabos para dar sentido a una vida. Las personas, como detectives en sí mismos, vuelven al lugar del crímen —del trauma o de la herida— hasta que logran resolverlo, darle un sentido íntimo y personal. Los vacíos son una oportunidad necesaria para ocuparlos con la propia imaginación. Y lo mejor que puede ofrecer un thriller es convertir al lector en cómplice.