El autor francés novela en ‘Koljós’ la vida de su madre, la gran historiadora Hélène Carrère d’Encausse, entrelazando los orígenes rusos y georgianos de su familia con el desarrollo de la guerra en Ucrania

La escalera de madera caracolea hasta el último piso de un pequeño edificio, escondido en uno de esos estrechos pasajes del distrito segundo de París. Una nota escrita a mano sigue pegada en la puerta. “Adelante. La fiesta es aquí”. La noche anterior hubo celebración en este viejo taller, convertido en el luminoso apartamento donde Emmanuel Carrère vive con su pareja. El escritor, que ha pedido retrasar la entrevista media hora, quién sabe si por una cierta resaca, abre la puerta descalzo, despega la nota y sonríe. Luego prepara café y acomoda a los invitados.

—¿Cómo se encuentra?

—Muy bien, es un buen periodo. Digamos que las cosas no se han complicado desde la última vez.

Carrère, uno de los escritores más influyentes de las últimas décadas, gran estandarte de ese género llamado no ficción y autor de obras como El adversario, Limónov o Una novela rusa, ha superado todos los problemas que atravesó y que llegaron a confinarle en un hospital psiquiátrico. Está en paz consigo mismo, pero también con la vida y con los conflictos literarios y biográficos que libró durante años con la realidad y con algunos de los personajes que, contra su voluntad, formaron parte de sus obras. “Digamos que traspasé algunas líneas”, desliza.