Avenida, Inazio o Besmaya son grupos nacidos tras el éxito de Taburete y formados por jóvenes de entorno conservador. Encarnan un fenómeno heterogéneo e incómodo para algunos, pero claramente en auge
Los chicos del grupo Avenida reciben donde nacieron como banda: el Colegio Mayor Moncloa de Madrid, gestionado por el Opus Dei, con mesa montada a doble cubierto y servilleta de tela. Desde que Chuck Berry inventó el rock en los años cincuenta, el mundo de la música no había visto unos modales como estos. Al terminar el segundo plato, uno de ellos se come la pera conSí cuchillo y tenedor, y otro hace lo propio con el plátano. “Nos lo enseñaron en protocolo, pero es una tontería”, se justifica uno de ellos. “Te sirve para no quedar como un maleducado con los padres de tu novia”, discrepa otro. Lanzo entonces la pregunta: si vuestro suegro se come el plátano con la mano, ¿os lo coméis igualmente con cuchillo y tenedor? Se descojonan.
Unas semanas antes, con solo tres canciones publicadas, este quinteto de universitarios tenía más de 100.000 oyentes en Spotify y había vendido todas las entradas de la Sala Sol de Madrid dos noches seguidas. El ambiente era animado, como una reunión de todos los malotes de la clase. Los bigotes y pantalones anchos de moderno habían sido sustituidos por mocasines y jerséis anudados al cuello. A mitad del concierto, uno de los vocalistas, Lorenzo, tomó el micro con cara de ir a hacer una trastada: “No vamos a esconder de dónde venimos, ni cuáles son nuestras raíces. ¡Un, dos, tres, cuatro! ¡Cayetano! ¡Cayetano!” La sala se rompió al escuchar el tema de Carolina Durante.






