La antropóloga defiende que la agresiva reestructuración del sector agrícola del país en las últimas décadas, mediante guerras y extracción capitalista, creó las condiciones para que el feroz conflicto civil actual haya desatado la mayor crisis alimentaria del planeta
Nisrin Elamin, una doctora en antropología cultural que investiga las conexiones entre tierra, raza, pertenencia e imperios en Sudán, recuerda con afecto los días de su infancia jugando en el jardín de la casa de su abuelo en las afueras de una comunidad rural a orillas del Nilo Azul, en el Estado sudanés de Gezira. Desde la copa de sus árboles, podía observar un mar verde y marrón, formado por una vasta cuadrícula de campos de cultivo bañada por pequeños canales.
La inmensidad que se abría ante ella era el llamado “proyecto Gezira”, un macroproyecto agrícola que abarca alrededor de 800.000 hectáreas —un territorio mayor que el País Vasco— y que bien podría alimentar todo Sudán, según cuenta a este diario en una entrevista por teléfono desde Canadá, donde reside ahora. Aunque la vista no le alcanzaba, otras regiones más lejanas, como las montañas Marra, en el centro de Darfur, las montañas de Nuba, apostadas en el sur, y Gedaref, en el este, también atesoraban tierras de una fertilidad privilegiada.






