Cuatro ex altos cargos de la Policía se lanzan reproches mutuos y se desentienden de su participación en la Operación Cataluña
El juicio contra el clan Pujol, que se celebra en la Audiencia Nacional desde el pasado noviembre, ha combinado este martes un cóctel explosivo: policía patriótica y Operación Cataluña. Cuatro antiguos altos mandos de la Policía Nacional se han sentado ante el tribunal para ser interrogados como testigos sobre las presuntas maniobras urdidas, hace una década, para buscar de forma ilícita pruebas que incriminasen al expresident Jordi Pujol y a su familia. Pero poco han aclarado. Eugenio Pino, quien fuera el máximo jefe operativo de la institución entre 2012 y 2016; los comisarios jubilados José Manuel Villarejo y Marcelino Martín-Blas, y el inspector Bonifacio Díez se han desentendido de esa supuesta trama parapolicial y se han cruzado acusaciones mutuas.
La Audiencia Nacional programó todas estas comparecencias a petición de las defensas, que tratan de demostrar que la causa está viciada desde el origen. Los abogados de Josep y Oriol Pujol, dos de los siete hijos del exmandatario catalán (todos, acusados), plantean que este proceso debe anularse porque, según sostienen, está contaminado por las estratagemas extrajudiciales desplegadas en el Ministerio del Interior para actuar contra el clan del expresidente catalán con el objetivo de torpedear el procés independentista. En esas maniobras encajan, por ejemplo, las presiones a la BPA (Banca Privada de Andorra); la declaración de Victoria Álvarez, que había sido amante del primogénito Jordi Pujol Ferrusola (contó que le había visto trajinar mochilas repletas de billetes de 500 euros entre Cataluña y Andorra); y el intento de Eugenio Pino de introducir en el caso Pujol un pendrive con datos bancarios obtenidos de “forma ilícita” (asunto por el que ha sido condenado a un año de cárcel).






