Su inesperado triunfo en una Copa difícilmente superable es una reivindicación de un club histórico que llevaba demasiado tiempo estancado en un papel secundario
Empujados por un entrenador peculiar y sostenidos por una afición inquebrantable, el Baskonia ha dado la campanada. Su inesperado triunfo en una edición copera difícilmente superable es toda una reivindicación de un club histórico que llevaba demasiado tiempo estancado en un papel secundario cercano a la irrelevancia en cuanto a grandes objetivos o peleas por los trofeos. Lo que hace ...
años parecía impensable, como el no clasificarse para la Copa o los playoffs, ya no resultaba noticiable. A veces incluso daba la impresión de cierto desapego hacia lo doméstico y que su interés competitivo no iba más allá de pelear con más o menos dignidad en la competición europea.
Este título vuelve a situar en las portadas a un club sin duda peculiar, inquieto, presidencialista, orgulloso y poco paciente en sus proyectos deportivos, donde el futuro nunca está garantizado más allá de unos pocos meses. Se ficha sin descanso, se cambia de entrenadores más que de sponsors, se reinician proyectos en cuanto los anteriores dan sus primeras señas de agotamiento. Si hay algo evidente en el devenir histórico de este Baskonia es que a Josean Querejeta nunca le ha temblado el pulso cuando no le cuadraba lo que veía. Pero tanto movimiento tiene sus riesgos. El mayor, la falta de consolidación de los diversos colectivos creados, sometido a excesivos vaivenes, algunos de ellos inevitables, como la marcha de sus mejores jugadores a equipos más poderosos económicamente hablando.






