Las familias gazatíes no pueden pagar los elevados precios de los pocos productos que quedan para la infancia en los mercados
Amr Mahmoud, de cuatro años, baila agarrando un farol de Ramadán roto que su familia rescató de los escombros de su casa destruida en Jan Yunis, en el sur de la franja de Gaza. Este farol decorativo, que se usa para iluminar calles y hogares durante el mes sagrado para los musulmanes, ya no se enciende ni emite música: solo conserva la carcasa de plástico. Aun así, Amr y el corro de niños que lo rodean irradian alegría pura mientras celebran el Ramadán, que comenzó el pasado 17 de febrero. Es el único juguete que tienen.
La escena se desarrolla entre las tiendas de campaña para desplazados en la zona de Al Mawasi. Mientras Amr y sus siete hermanos cantan canciones tradicionales, otros niños golpean latas de refresco vacías para marcar el ritmo, convierten retales en balones improvisados y se intercambian palos de madera como si fueran juguetes. Entre risas, giran y se persiguen, ajenos a la devastación que los rodea.
Israel ha bloqueado las importaciones de juguetes a Gaza desde octubre de 2023, según confirma Maher al Taba’a, director de la Cámara de Comercio e Industria de Gaza. La prohibición afecta tanto al comercio como a la ayuda humanitaria, con una única excepción reciente: Unicef ha logrado introducir cantidades mínimas de material recreativo y escolar.






