Imitar manchas de agua, falsear pátina o mostrar capas de pintura antigua forman parte del último capricho en decoración, la imperfección, ahora exacerbada por las redes sociales. Varios expertos analizan la tendencia

El pasado verano se hizo viral en Tik Tok un clip que mostraba a una joven argentina que deseaba reformar la estética del salón de su piso alquilado. ¿Su objetivo? Pintar las paredes como si tuvieran un aspecto desgastado por la humedad. A un ritmo frenético, y alternando planos de la vivienda con bailes y selfies, la autora narra cómo ejecutó este lavado de cara tras consultar a ChatGPT las técnicas para lograrlo. Entre las cosas que tuvo que hacer destacan varias rondas de pintura (para luego hacer jirones), un enduido plástico (una pasta blanca y espesa) o sacar las prop...

ias capas que ya poseía la pared con una espátula. Al llegar a este paso, la protagonista no cabe en si de la emoción: “Encontré oro en polvo… Capas y capas de colores de otros años. ¡Me hizo muy feliz!”.

Los comentarios desdeñosos no tardaron en llegar a su perfil. “No puedo creer lo que estoy viendo”. “Hermosa pared con hongos”. “Muy soviet union”. “20 años viviendo en una casa con humedad y me entero de que es aesthetic”. “Así estaba la pared de mi casa antes de tener dinero para arreglarla”... Aunque algunos usuarios también halagaban la decisión, incluso mostrando interés por la técnica usada que alguna mente avispada bautizó como trash wall (un muro de basura), con mensajes como: “Hoy, en cosas que antes eran de pobre y ahora son de rico” o “romantizando la pobreza”, el debate dejó de centrarse en la estética para esbozar una dura crítica hacia la superficialidad de empoderar el aspecto de una vivienda atacada por la precariedad. “¿Por qué los palermitanos adoptan símbolos o costumbres asociadas a la pobreza sin asumir los costos reales de vivir en la marginalidad?”, espeta uno de los comentarios.