Quizás el mejor reconocimiento a la Constitución sea entenderla como un pacto vivo y releer su articulado más allá de la cuestión territorial

La Constitución de 1978 es ya la más longeva. Como la fecha exacta es de cálculo impreciso, el Congreso cuadró agendas y convocó el 17 de febrero una sesión conjunta con el Senado presidida por el Rey. Acudie...

ron autoridades históricas y actuales, y Felipe VI subrayó que el secreto de la longevidad constitucional eran sus credenciales democráticas. Santiago Abascal, que prefirió una reunión de Patriotas por Europa, se perdió la fiesta. El líder de Vox reparte carnets de constitucionalidad, pero desprecia el respeto institucional y ya es habitual en lo de saltarse celebraciones constitucionales o plantar al Rey.

Un día antes, el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales inició su propia celebración con un ciclo sobre los retos pendientes. Entre las reflexiones compartidas, Meritxell Batet destacó la capacidad de la Constitución del 78 de generar un espacio amplio para la acción política plural y su inclinación a ser un texto de garantía e inclusión, y no de límite y prohibición, favoreciendo consensos para construir un Estado social o modernizar el país. Entre los principales riesgos señaló la polarización. La mala educación y, sobre todo, la confrontación constante, el cuestionamiento de los consensos y de la legitimidad del otro. En palabras de Javier García Roca, la hipérbole. ¿Cómo abordar las reformas para adecuar la Constitución a la España actual en un mundo bronco de deslegitimación institucional?