El crecimiento de Vox no es una fatalidad estructural ni un reflejo mecánico de la pobreza, la edad o el lugar de residencia: es el resultado de decisiones individuales

Muchos intentamos entender el crecimiento de Vox —con su carga autoritaria, xenófoba y machista— y buscamos explicaciones que, en general, nos tranquilizan más que nos iluminan. Se dice que lo votan los jóvenes porque no saben qué fue la dictadura; que lo apoyan los mayores porqu...

e la añoran; que es el partido del campo; que es el refugio de los menos formados o de los más castigados por la precariedad. La última versión sostiene que avanza porque los partidos democráticos no hacen suficiente autocrítica. El problema es que los datos no avalan esos atajos.

El CIS de enero de 2026 (voto + simpatía) muestra que entre los jóvenes de 18 a 24 años el apoyo a Vox es del 11,6%. Es decir, casi nueve de cada diez no lo votan ni simpatizan con él. Entre los mayores de 75 años baja al 7,8%. Más del 92% tampoco lo apoya. Puede haber jóvenes desinformados y mayores nostálgicos. Lo que no hay son mayorías generacionales. Tampoco hay un voto rural dominante. En municipios de menos de 2.000 habitantes el apoyo es del 14,3%. En ciudades de entre 400.000 y un millón alcanza el 17,9%. No es el partido del campo, ni siquiera claramente más rural que urbano.