Varios países reclaman un acercamiento al gigante asiático por la hostilidad de Trump, pero parte del bloque desconfía de la pujanza comercial de Pekín y su apoyo a Rusia

Con la verde pradera geopolítica de antaño convertida en un campo minado, hay signos de que la Unión Europea y China caminan hacia una versión más pragmática de una relación marcada hasta ahora por la desconfianza. Es apenas un acercamiento táctico, motivado por la hostilidad de Estados Unidos. Cargado de suspicacias por ambos lados. Y que en Europa protagonizan más algunas cancillerías que las propias instituciones comun...

itarias. Bruselas sigue agarrándose a la retórica del apaciguamiento con el trumpismo, y el negativo fotográfico de ese atlantismo no permite alegrías con China. Pero han surgido voces que piden dar un paso adelante, sin líneas rojas, con Washington y con Pekín.

Cuando EE UU era el aliado histórico, la Comisión Europea definía a China como “socio, competidor y rival sistémico”, una macedonia confusa en la que primaba el énfasis en la rivalidad. Ese sesgo negativo no ha desaparecido. Pero la beligerancia del presidente Donald Trump obliga a la Unión a reconsiderar su mirada hacia Oriente, como ha hecho Canadá. Es lo que relatan, con mil y un matices, una quincena de fuentes consultadas para esta crónica en Bruselas, en varias capitales y entre los think tanks (laboratorios de ideas) y académicos europeos, chinos y estadounidenses.