Rick Woldenber, el emprendedor que llevó el caso a los tribunales, celebra la sentencia del Supremo y pugna con otras compañías para recuperar el dinero cobrado indebidamente
Si hay una persona en el mundo que puede considerar el fallo del Tribunal Supremo de Estados Unidos sobre los aranceles del presidente Donald Trump como una victoria personal es Rick Woldenberg, el empresario de Chicago, de 65 años, que presentó la demanda. Ha sido una batalla judicial larga e intensa. De un empresario mediano contra un Go...
bierno inflamado de poder. Su empresa, Learning Resources, que da nombre al fallo de la Corte Suprema, fue de las primeras en acudir a los tribunales contra la todopoderosa Administración de Trump que ordenaba enjuiciar a sus rivales políticos y amenazaba a cualquier que se le opusiera. “No he hecho nada malo”, dice Woldenberg.
“La decisión que declara ilegales los aranceles es una poderosa reafirmación del Estado de Derecho y la separación constitucional de poderes sobre los que se basa nuestro país”, señala el empresario a EL PAÍS a través de un correo electrónico. “Estamos profundamente agradecidos por la oportunidad de presentar nuestro caso ante el Tribunal Supremo y nos sentimos honrados por la decisión”, abunda.












