Las autoridades de China, Japón o la India muestran su satisfacción por la caída de los gravámenes de Trump pero auguran una nueva andanada de la Casa Blanca
En Asia, seguir el rastro que han dejado a lo largo del último año los aranceles impuestos por el presidente estadounidense, Donald Trump, resulta una tarea casi imposible. Van del zarandeo a la India por la venta de petróleo a Rusia a las largas negociaciones con países aliados como Japón o Corea del Sur, pasando, por supuesto, por la enconada guerra comercial con China, hoy en fase de tregua: un intrincado laberinto de incrementos de gravámenes, posteriores reducciones a cambio de compromisos y acuerdos de inversión. Cada país golpeado es un mundo y, por tanto, la nueva situación creada por la sentencia del Tribunal Supremo el viernes —que tumba los llamados aranceles recíprocos dictados por Trump— ha despertado reacciones diversas, según la latitud. Los mensajes basculan entre el desconcierto y la esperanza.
En China, país que se prepara para acoger la visita del magnate republicano a finales de marzo, no ha habido de momento una respuesta oficial por parte de las autoridades, ni anuncios de medidas de represalia. Pero algunas voces transmiten satisfacción, después de que el gigante asiático haya pasado buena parte del 2025 metido en una batalla comercial con Washington que llegó a alcanzar cotas estratosféricas.








