Anthony Blunt era un espía doble al tiempo que fue nombrado ‘sir’, Ezra Pound se encontró ante un micrófono en Italia transmitiendo alegatos fascistas contra su país y Arthur Rimbaud dejó la literatura para traficar con armas
Anthony Blunt. Nadie como este caballero llevó la impostura tan lejos hasta convertirla en una obra de arte. Graduado en el Trinity College de Cambridge, en su juventud formó parte del grupo de Bloomsbury, una cuadra exquisita de seres vestidos con telas color barquillo, diletantes, neuróticos, escépticos, cazadores de mariposas con sombreros blandos. Entre ellos, Anthony Blunt fue el que más se arriesgó a la hora de lucir la estética de una doble o triple vida, sin la cual nadie se podía considerar en su medio un hombre interesante.
Profesor de Arte en Cambridge, era homosexual y criptocomunista, dos formas de sentirse al margen del orden victoriano. Durante un viaje a Moscú en 1933 cayó en las redes del espionaje soviético, lo que no le impidió añadir a este juego peligroso y fascinante un enredo más al unirse después al ejército británico en 1939 e ingresar en la MI5 como espía al servicio de la Corona británica. Era un espía doble cuando en 1945 fue nombrado sir, designado conservador de la colección de las pinturas reales inglesas y asesor personal de Isabel II. Se movía por el palacio de Buckingham como si fuera un gato de la reina.






