El expresidente de la Junta de Andalucía, exministro y veterano dirigente socialista reflexiona sobre su pasado y analiza el deterioro de la vida pública
José Antonio Griñán (Madrid, 79 años), exministro socialista y presidente de la Junta de Andalucía entre 2009 y 2013, se resistió inicialmente a conceder esta entrevista. De hecho, escribió el libro Cuando ya nada se espera (Galaxia Gutenberg, 2022) para explicarse a sí mismo, a su hijo Manuel y a su familia lo que pasó en cada tramo de su vida. La sentencia derivada del juicio de los ERE que le impuso pena de cárcel, de la que lo liberó su enfermedad, fue para él como una condena en casa. La conversación que sigue, que finalmente se realizó el pasado 24 de enero en su casa de las afueras de Sevilla, indaga en su estado de ánimo y en la vida por la que transita toda su biografía: la política, pero también la rabia ante el estadio de odio que el mundo depara.
Pregunta. ¿Cómo está?
Respuesta. Viejo, cansado y con pocas esperanzas… Hoy, por cierto, es el 49 aniversario de la matanza de Atocha, uno de los momentos trágicos, de zozobra e incertidumbre que vivimos en la Transición. Fueron fusilados cinco militantes demócratas, sencillamente por serlo y por defender a trabajadores. El pueblo español reaccionó indignado pero sereno. Era un ataque a la democracia. Se vino a demostrar que el Partido Comunista, que organizó el entierro, tenía la serenidad para organizarlo pacífica, democrática, silenciosamente. Estudié junto con Lola González Ruiz, que fue novia de Enrique Ruano, [estudiante de Derecho] asesinado por la policía, y que luego sería novia de Francisco Javier Sahuquillo, que murió en Atocha. Ella quedó muy malherida y creo que no se recuperó del todo desde entonces.






