El presidente defiende la reacción de su Gobierno al escándalo, que no se recoge en su libro en el que contrapone su vía moderada frente a la polarización de Sánchez
El presidente de la Junta de Andalucía, Juan Manuel Moreno, ha presentado este lunes en Sevilla Manual de Convivencia, la vía andaluza, su libro de memorias en el que reivindica “la fórmula de la calma, la tranquilidad, serenidad y moderación”, como la “opción correcta” -en sus propias palabras- que le permitió acceder a la presidenta de la Junta en 2018 y revalidar el Gobierno con una histórica mayoría absoluta. Pero esta tarde quizás el capítulo que más interesaba -probablemente, no al público asistente, la mayoría miembros del PP andaluz y consejeros de sus dos legislaturas- era el que no estaba escrito: cómo ha abordado el escándalo de los cribados de cáncer de mama, la mayor crisis que ha sufrido desde que dirige el Gobierno autónomo y la que parece que ha descolocado esa estrategia de templanza. “Me sentí superado e impotente”, ha reconocido.
Las memorias de Moreno se anunciaron casi al mismo tiempo que la Cadena Ser ponía voz a los primeros testimonios de mujeres que habían desarrollado un tumor, cuando creían que estaban sanas porque nadie les había informado de que su cribado no era concluyente. Tras ser preguntado por la conductora del acto, la periodista y subdirectora de La Razón, Carmen Morodo, el presidente andaluz ha asegurado que, si hubiera estado escribiendo el libro en ese momento, hubiera incluido un capítulo dedicado a los fallos en el programa de prevención, “como todas las cosas positivas y amargas que he vivido, como el Covid”. Moreno ha defendido en todo momento la gestión que ha hecho de una crisis de la que, eso sí, ha dicho que se enteró en el momento en el que saltó el escándalo, y ha dicho que ha sentido “frustración y decepción cómo se pueden manipular las cosas de manera intencionada y sin intención”. El barón popular ha señalado a todos los que han “cuestionado los programas de los cribados y todo el sistema de salud” y “al interés especial desde el punto político por distorsionar las cosas” que hay en Andalucía, “cuando en otros territorios pasa lo mismo y no se suben los decibelios”.






