El pederasta financió directa o indirectamente varios proyectos de investigación, pero casi todas las relaciones se rompieron tras su condena
Sí, hay científicos en la lista Epstein. Y no, no son pederastas de bata blanca. Mientras escribo esto tengo delante la foto de una cena en la Universidad de Harvard, en septiembre de 2004, y allí aparecen, posando junto a Jeffrey Epstein, los físicos teóricos Lee Smolin y Alan Guth, el psicólogo Steven Pinker, el genetista Craig Venter, el filósofo evolucionista Daniel Dennett y otra veintena de luminarias de las que solo tres son mujeres, solo dos llevan corbata y solo uno pajarita. Han cenado en mesas de a seis, han bebido vino blanco y tinto, y el fotógrafo les ha pillado sin acabarse el postre. Epstein es el único que no sonríe. Nada extraordinario, realmente. Pero entonces, ¿qué hacen ahí todos esos cráneos privilegiados?
La cena tuvo lugar cuatro años antes de que Epstein fuera procesado y condenado por delitos sexuales. Ninguno de los científicos que asistieron a ella tiene relación con aquel tráfico tenebroso de menores que acaba de poner en la picota a la monarquía británica y promete llevarse por delante un montón de cabezas más. Los asistentes a la cena no son Mick Jagger ni Bill Clinton ni Elon Musk. Lo único que tienen en común, en realidad, es que son famosos, en un sector de la actividad humana que rara vez goza de los oropeles de la celebridad. ¿Qué esperaba de ellos el pederasta Epstein?








