La agencia espacial de EE UU ha completado con éxito un ensayo general con combustible, evitando las fugas que durante el primer intento habían obligado a retrasar al menos un mes el lanzamiento
La NASA ha superado la presión de tener que reparar contrarreloj las fugas de combustible detectadas en el mayor y más potente cohete espacial que ha construido nunca, durante la primera prueba previa a la misión Artemis 2, destinada a llevar de nuevo astronautas hacia la Luna, más de medio siglo después. En un segundo ensayo general, que culminó con éxito en la madrugada de este viernes —a las 4.16, hora peninsular española— tras una cuenta atrás de casi 50 horas, la agencia espacial de EE UU ha logrado completar todos y cada uno de los pasos del proceso que precede a un lanzamiento, excepto el último paso de encendido de los motores, que desencadenaría un despegue real. A falta de un análisis a fondo de los datos del ensayo, el cohete parece estar listo para despegar en marzo.
El objetivo de la prueba era que la cuenta atrás llegase hasta tan solo 33 segundos antes del final, y ese punto se alcanzó sin que los ingenieros de la NASA encontrasen ningún problema relevante. Solo una anomalía eléctrica en el sistema aviónico de propulsión mantuvo la incertidumbre. Solucionado ese incidente menor, la directora de lanzamiento, Charlie Blackwell-Thompson, dio la orden de volver a retrasar la cuenta atrás a los 10 minutos finales —como estaba previsto—; y, de nuevo, ante la ausencia de problemas, el reloj logró llegar a 29 segundos para el despegue simulado. Alcanzada por segunda vez esa meta, concluyó así el ensayo.







