El único precedente es el del dictador Chun Doo-hwan, condenado en 1996 a pena de muerte por su papel en el golpe militar de 1979
Corea del Sur ha condenado por insurrección a un antiguo jefe del Estado por primera vez en casi tres décadas. Yoon Suk-yeol, el mandatario que el 3 de diciembre de 2024 sorprendió al mundo al decretar en directo por televisión la ley marcial, ha sido declarado culpable de dirigir una insurrección y abusar de su autoridad y condenado a cadena perpetua este jueves por el Tribunal del Distrito Central de Seúl. El fallo sitúa su nombre junto al del dictador Chun Doo-hwan y marca uno de los momentos judiciales más trascendentales desde la transición democrática del país, un aliado clave de Estados Unidos en la región.
El delito de insurrección, tal y como lo define el Código Penal surcoreano, castiga a quien se alce para derrocar los órganos del Estado establecidos por la Constitución o para impedir por la fuerza el ejercicio de sus funciones. Es una de las pocas excepciones a la inmunidad de la que gozan los presidentes en ejercicio (junto al delito de traición) y constituye uno de los tipos penales más severos del ordenamiento jurídico del país, que puede acarrear incluso la pena de muerte. No obstante, existe una moratoria de facto sobre las ejecuciones desde 1997.













