Hace falta una ímproba labor de educación para desechar la idea de que el arte es un lujo. Para muchos es necesidad, calma, refugio...

El otro día me enfadé escuchando la radio. Hasta ahí nada nuevo, no es raro enfadarse escuchando la radio. Pero me enfadé durante los anuncios y no, no era por uno de esos que recomiendan una alarma para que no te okupen la casa; por suerte, por desgracia, por costumbre o por cansancio, estoy inmunizada. Era p...

or uno de la ONCE, uno en el que hablaba de alguien que iba a un museo y se pasaba mucho tiempo delante de una obra, y luego otro rato larguito frente a otra, y así... Algo a lo que aspirar si te toca la lotería. ¿¡Qué!? (Léalo con toda la indignación posible).

Hace falta una ímproba labor de educación para desechar la idea de que el arte es un lujo. Las galerías están en plena batalla para conseguir que se rebaje el 21% de IVA que grava sus transacciones y que es mayor que el de sus vecinas europeas. Pero el problema es de impuestos, de imaginario colectivo y de educación, y los dos últimos son más profundos y difíciles de solucionar. Es fácil entender que para evadirse, descansar o disfrutar uno puede comprar un libro o música... ¿Las artes plásticas dónde quedan? Y, por supuesto, no me refiero a piezas cuyo precio tiene muchas cifras; hay obras de arte más baratas que el iPhone que muchos llevan en el bolsillo.