La izquierda alternativa de hoy se parece más a la republicana del XIX, con sus pequeños partidos de notables, que a la obrera del siglo XX
Los partidos políticos tienen aparatos y tienen bases, pero tienen, además, un tercer estrato intermedio que no suele mencionarse. Tienen clientelas. La clientela es un sujeto colectivo a caballo entre el aparato y la base. A diferencia del militante o simpatizante, el cliente obtiene beneficios personales, privados, de su vinculación al partido. A diferencia del aparato, no detenta las riendas, no tiene el poder, no reparte las cartas, sino que solo las pide. Esto vale, por supuesto, para los partidos dinásticos.
l" data-link-track-dtm="">Ellos tienen aparatos fastuosos, bases millonarias y clientelas elefantiásicas. Pero las formaciones pequeñas también tienen todo eso a su escala, a la que sea. Un partido que puede obtener un concejal es un partido que puede obtener dinero y cartas que repartir y una vida que resolverle o facilitarle a un puñado de individuos (el edil, asesores, colaboradores del grupo municipal…) durante una legislatura. Se han visto tanganas inenarrables en organizaciones que iban a sacar un diputado y un concejal de urbe grande y solo consiguieron el diputado.






