La docena de obras entregada al Estado era propiedad de la principal familia aristócrata de las islas
El arte barroco para satisfacer a la Hacienda canaria. Son dos cuadros del pintor napolitano Luca Giordano (1634-1705); otros seis atribuidos al sevillano
l" data-link-track-dtm="">Bartolomé Esteban Murillo (1618-1682) o a su taller, además de un lienzo de Juan Carreño de Miranda (1614-1685). En total, una docena de piezas propiedad del condado de la Vega Grande de Guadalupe, la principal familia noble de Canarias, y que en 2021 sirvió a su actual titular para saldar un compromiso con Hacienda. Actualmente, el lote es propiedad del Gobierno de Canarias. Las dos obras de Giordano (Neptuno y El rapto de Proserpina) van a ser restauradas próximamente y serán cedidas al Cabildo para que las exponga en el futuro Museo de Bellas Artes de Gran Canaria.
La vida de Giordano discurrió bajo el control español de Nápoles. Trató en sus obras una amplia variedad de temáticas, desde asuntos históricos a mitológicos, pasando por las pastorales (su capacidad para imitar el estilo de otros artistas le granjeó la fama de copista de pintores célebres). Entre 1692 y 1702 trabajó en la corte de Carlos II (1661-1700) —en el país se le conocía como Lucas Jordán—. Tras la muerte del Hechizado, decidió regresar a su ciudad natal, no sin antes pintar Neptuno y El rapto de Proserpina, dos obras de poco más de dos metros de largo y tres de alto que retratan escenas de la mitología griega. La primera representa al dios del mar con una imponente musculatura, acompañado de diosas como Anfitrite o Hera, entre otros personajes; la segunda expone el momento en que Hades, uno de los hermanos de Poseidón (Neptuno), abandona por unos instantes su reino de los infiernos para raptar a Proserpina y llevarla con él al Tártaro, el profundo abismo que en la mitología helena hace las veces de mazmorra.






