El largometraje, que describe el drama de la violencia de género en una comunidad de la Amazonia brasileña adentrándose en la vida de dos hermanas, aspira al galardón de mejor película iberoamericana

Hace 10 años, Marianna Brennand escuchó a Fafá de Belém, una artista y activista brasileña, hablar de la violencia sistémica y callada que sufren las niñas y mujeres de la isla de Marajó, en la desembocadura del río Amazonas. La documentalista (Recife, 45 años) recuerda que no pudo sacarse la historia de la cabeza y sintió la necesidad de contarla, en primer lugar para que los propios brasileños fueran conscientes de que estos abusos estaban sucediendo en su país. Al principio pensó en hacer un documental, formato en el que la cineasta se sentía más cómoda, pero tras un periodo de investigación e inmersión en la región, se dio cuenta de que la ficción era la única opción viable para no exponer a las víctimas ante una cámara ni revivir la violencia que sufrieron.

Así nació Marcielle, la protagonista de su primer largometraje de ficción, Manas. Esta niña de 13 años ―interpretada por Jamilli Correa― conduce a los espectadores a lo más profundo del sufrimiento de los menores víctimas de explotación y abuso sexual, una situación que persiste de generación en generación, en parte debido a las condiciones geográficas de la zona, una isla del norte de Brasil a la que no es sencillo acceder.