Una réplica, de 1974, de los famosos edificios gemelos que albergó el centro de Madrid se ha convertido en una de las señas de identidad arquitectónica de Katowice
La historia de la arquitectura es la historia de un robo. Pocos conocen este relato. Cuando Richard Rogers (1933-2021), Antonio Lamela (1926-2017), y su hijo, Carlos,...
habían, casi, completado la T4 madrileña, recibieron la visita, a finales de 2005 (a punto de inaugurarse), de una de delegación de 20 arquitectos chinos impresionados por la Terminal. El Estudio, generoso, los conocía con anterioridad, les entregó todos los planos pensando que servirían de guía para una interpretación de la sensacional infraestructura. La sorpresa llegó dos años después cuando, literalmente, copiaron la T4. El gigante asiático, por ley, ignora cualquier tipo de reclamación por plagio. “Había que aceptarlo”, admite el presidente de la oficina Carlos Lamela. Hoy quien viaje a la Terminal de Shanghái verá un corta y pega del aeropuerto madrileño. Al menos se sentirá en casa.
Pero, la mayoría de las veces, los arquitectos se comportan con la honradez que exige todo oficio. Memoria. En 1972, una delegación de la entonces República Federal de Alemania y Yugoslavia llega a Madrid para ver cómo se estaban construyendo las Torres Colón. Solo había tres edificios —uno en Londres y dos en Australia— construidos de forma similar. Colgados. Por hacerlo sencillo. Las plantas se iban construyendo de arriba hacia abajo y se sujetaba con tirantes mientras se construía la siguiente. Esto que se escribe en una frase era complejísimo. Contaban con la suerte de tener a Javier Manterola (1936-2024). Quizá el mejor calculista español de estructuras. Un maestro en una disciplina difícil. Álgebra, cálculo diferencial, física, sistemas constructivos. La realidad demostró que sus números fueron perfectos. Y no eran tiempos de programas avanzados como el BIM (una ayuda tecnológica en este proceso) o similares. Era talento sobre una hoja en blanco y calculadora.






