Como somos casi la mitad de la población, que un amplio sector milite por la igualdad de género, o se oponga, decanta el peso de la presión social: para erradicar los abusos, o para que se eternicen

¿Qué papel jugamos los hombres ante el delito sexual? Me refiero, claro, a quienes no tenemos querencia por ningún exceso, ni siquiera por los nuestros. Como somos casi la mitad de la población, que un amplio sector milite por la dignidad y los derechos de la mujer, la igualdad de género y de oportunidades (o se oponga, o se inhiba), decanta el peso de la presión social: para erradicar los abusos. O para que se eternicen.

Nuestro desempeño global como varones no es glorioso. Las generaciones muy adultas llegamos tarde al combate del feminismo, pero acabamos contribuyendo a su causa. A las emergentes algunos pugnan por reconducirlas al modo cangrejo: así crece la intolerancia machista entre los jóvenes.

Puede explicarse por la sensación de pérdida de preeminencia ante el fulgurante ascenso de las mujeres, pero resulta execrable: la esclavitud nunca se justifica ―tampoco la psicológica―, digan lo que digan los enemigos de lo woke. Al contrario: viva lo woke, si ese concepto describe la defensa de los débiles, los vulnerables, los marginados, los desposeídos. Mejor ir contra la opresión que contra las oprimidas.