La izquierda de siempre, al menos aquella que yo conocí en su tiempo, tenía veleidades cosmopolitas, apostaba por la universalidad en vez de por el particularismo
Para saber lo que significa estar “a la izquierda de la izquierda” habrá que saber primero cuál es la semántica del término “izquierda”. Entre nosotros lo damos por supuesto: la izquierda es el PSOE; lo que está a su izquierda es la miscelánea de grupos cuya identidad se obtiene de no englobarse en dicho partido. “Ser” de izquierdas le obligaría a uno a integrarse o elegir entre unos y otros. Y el criterio aquí sería puramente cuantitativo. Cuando se es “más” de izquierdas de lo que pensamos que representa el PSOE se optaría por Podemos o por la sumatoria de grupos incluidos bajo dicha expresión de izquierda de la izquierda. Con una diferencia sustancial muy española, la fusión de dicha identidad con el sentimiento de pertenencia nacional o regional. O sea, que no basta con ser más de izquierdas, hay que sentirse también más valenciano (Compromís) o gallego (BNG) que el partido de referencia (PSOE). El eje izquierda/derecha se entremezcla, así, con el de españolismo/nacionalismos.
La cosa es, pues, más complicada de lo que parece. Por un lado, porque estos grupúsculos nacen en organizaciones regionales férreamente vigiladas por sus miembros locales; por otro, porque la izquierda de siempre, al menos aquella que yo conocí en su tiempo, tenía veleidades cosmopolitas, apostaba por la universalidad en vez de por el particularismo. Ser más de izquierdas significaba liberarse de las restricciones nacionales “pequeñoburguesas” para buscar la emancipación de los oprimidos allí donde estuvieran. Traducido a nuestro contexto español, por tanto, promover, por ejemplo, una justa distribución de los recursos nacionales favoreciendo a las regiones más necesitadas.






