La única actriz asiática ganadora del Oscar señala en la Berlinale que aún falta tiempo para que todo el mundo tenga una representación justa en las pantallas

El viaje de Michelle Yeoh (Ipoh, Malasia, 63 años) desde que era una cría volcada en el ballet hasta recibir el Oso de Oro de la Berlinale ha sido larguísimo. Y único. No solo es la primera persona de origen malayo en ganar el Oscar, es que ha sido la primera actriz asiática en obtenerlo. Una travesía que arrancó como una chica larguilucha llamada Yeoh Chu-Kheng, atravesó un cambio de nombre el cine de Hong Kong, la saga Bond, el cine wuxia (filme chinos de acción y fantasía) y tocó su punto álgido en esa lavandería californiana auditada por Hacienda, epicentro del cruce de mundos del alfauniverso de Todo a la vez en todas partes. Yeoh siempre ha sido la minoría y siempre ha triunfado. El Oso de Oro de Honor se merece ser recogido por una estrella como Yeoh.

Si el jueves por la noche lloró cuando Sean Baker —con el que ha rodado un video fascinante para este homenaje, Sandiwara, en el que encarna múltiples papeles— le entregó el Oso de Oro de Honor, este viernes, trofeo en mano, se ha presentado inmensamente feliz ante la prensa. La actriz de The Heroic Trio, Tigre y dragón, Memorias de una geisha, El mañana nunca muere (menuda secuencia la de la moto con Pierce Brosnan), Crazy Rich Asians, Sunshine, Avatar, Shang-Chi y la leyenda de los diez anillos o Wicked se ha definido como eterna fajadora en un mundo el que ha sido minoría, como mujer y como asiática: “Estoy aquí sentada hoy con un Oso de Oro, no por una película solo, sino por la perseverancia, la resiliencia y la obstinación de decir que no voy simplemente a desaparecer. Me quedaré hasta que realicemos cambios adecuados, no solo para las minorías, sino para todos”.