Cada día llegan al aeropuerto internacional de Ciudad de Guatemala más de siete personas fallecidas en territorio estadounidense, en un último periplo migratorio rodeado de estafas, injusticias, burocracia y la inquebrantable voluntad de sus familias

A las 11.10 de una noche insólitamente helada de finales de enero, el último vuelo comercial desde Houston, Texas, aterriza en el Aeropuerto de La Aurora en Ciudad de Guatemala. Enseguida desembarcan pasajeros y maletas. Cuando parece que ya no queda nadie, se abre la puerta de la bodega y el personal de la aerolínea descarga dos cajas blancas. Dentro, dos ataúdes.

Julio González, de 59 años, supervisor de importaciones de Combex-IM, el depósito aduanero del aeropuerto, controla que su equipo los traslade con respeto en un pequeño montacargas hasta una capilla iluminada por una cruz. Unos papeles pegados a uno de los dos ataúdes revelan el nombre de quien contiene. Es Miguel Raymundo Raymundo, de 36 años, fallecido el 14 de enero de 2026 en Estados Unidos.

Miguel es uno de los cientos de migrantes guatemaltecos que cada año mueren en EE UU por accidentes, enfermedades u homicidios y son repatriados gracias a la perseverancia de sus familias, como último acto de un viaje migratorio que termina donde empezó.