Matar 100 ejemplares, como ya ha sucedido en los montes asturianos y cántabros, es una muestra de populismo rural que desprecia el conocimiento científico y la ética
A lo largo del siglo pasado, los lobos ibéricos se extinguieron de amplísimas zonas de España. No se extinguieron ellos, los matamos nosotros. En el sureste desaparecieron hacia 1930, con los últimos lobos que matamos en la sierra de Baza, las Alpujarras y Sierra Nevada. Casi en paralelo sucedió lo mismo en Catalunya, donde en 2025, tras casi 100 años de ausencia, han vuelto a criar ejemplares de la subespecie italiana procedentes de Francia. En la Comunitat Valenciana desaparecieron ha...
cia 1950. En Andalucía y Extremadura a finales de 1990, lo que supuso la exterminación de los últimos lobos sureños, animales con rasgos ecológicos peculiares y quizás con restos genéticos de los lobos levantinos sugeridos como subespecie por el naturalista Ángel Cabrera a principios del siglo XX. Solo el norte de Castilla-La Mancha y de la Comunidad de Madrid han sido áreas de una tímida recolonización en las últimas décadas gracias a ejemplares ibéricos procedentes del cuadrante noroeste ―Asturias, Galicia, Cantabria y Castilla y León― donde la especie no dejó de estar presente en ningún momento, aunque con periodos de mayor o menor persecución, notables cambios en la distribución y disminuciones de abundancia territoriales.






