Amazon comienza a sembrar el espacio con sus dispositivos Leo, a pesar de las alertas sobre la saturación de la órbita terrestre con enjambres privados y de países como China

La carrera del millón de satélites ya está lanzada. Desde hace años, el monopolio de la órbita terrestre lo ha tenido Elon Musk con sus enjambres de microsatélites Starlink. Hasta ahora. Esta tarde, Amazon ha entrado de golpe en este mercado estratégico con el lanzamiento, desde Kourou (Guayana Francesa), gestionado por Arianespace, de la primera constelación de Leo (antes Kuiper). Esta carrera, en la que aún no figura Europa en los primeros puestos, rompe el monopolio de Musk y reduce la brecha digital en entornos desfavorecidos, pero también deja un cielo saturado de aparatos que se convierten en basura espacial una vez que caducan e impiden el seguimiento de observaciones científicas. China también ha entrado en liza y pretende colocar decenas de miles en órbita para garantizar sus capacidades estratégicas. Esta fiebre de oro de las telecomunicaciones espaciales puede llenar la bóveda celeste con 500.000 o hasta un millón de satélites de aquí a 2030, de acuerdo con un estudio de la NASA publicado en Nature.

Bezos y Musk, que ya son dos de los hombres más ricos y poderosos del planeta, entran así en otra competencia espacial. Con sus empresas de naves espaciales --Blue Origin y SpaceX, respectivamente-- pugnan por conseguir ser los que devuelvan a la humanidad a la Luna. Los vehículos de Musk forman parte de la estrategia estadounidense para llevar astronautas hasta el satélite natural de la Tierra. Pero Bezos, que también quiere acabar con ese monopolio de Musk, anunció hace dos semanas que centrará los esfuerzos de Blue Origin en el objetivo lunar.