La pareja española Olivia Smart-Tim Dieck interpreta un programa magnífico, pero termina novena, a un puesto de ser finalista

Todavía vestida de Zendaya en el desierto de Dune, Olivia Smart grita, puro entusiasmo y alivio: “¡Vamos!” La danza del patinaje tiene tanto de expresión artística, originalidad, tendencia a la trascendencia y emoción como de dificultad técnica, la capacidad de introducir curvas y arabescos en un diseño tan estrictamente reglamentado de sucesión de twizzles, pasos, elevaciones, serpentinas y acarreamientos en curva y rectos, y medidos al segundo los contactos, y la final de los Juegos Olímpicos en la pista de Milán es, más que nada, una pelea de sensibilidades y voluntad, vanguardia contra tradición rancia, elegancia contra tópicos. Es decir, Olivia Smart -Tim Dieck o Laurence Fournier-Guillaume Cizeron, y el resto.

Es la necesidad de ir un paso más allá, de romper, la que guía a la pareja española, que interpreta Dune II, con música de la película, uno de los mejores ejercicios de la noche (el sexto), y solo los pequeños errores del lunes en la danza rítmica les condenaron ser novenos al final, a un puesto, y solo 2,19 puntos, del octavo, que da condición de finalista y habría permitido a Smart igualar el conseguido en Pekín 22 haciendo pareja con Adrián Díaz.