La corredora catalana intentará el jueves (19.30) en los Juegos de Milán-Cortina repetir al menos la medalla de plata de 2022
Queralt Castellet vive la vida día a día, sin mirar más allá, y seguramente no sufrirá la sensación que a tantos afecta de vivir la vida como un día de la marmota permanente. Y la sensación se agranda en febrero de cada cuatro años en la nieve de los Juegos Olímpicos. Le ocurre a espectadores, aficionados y profesionales. El mismo escenario, un halfpipe gigantesco, una U profunda y alta, una tabla de nieve, un arriba y abajo en diagonal, de espaldas, de frente, un vuelo cerca de los cuatro metros para dar unos giros, un melón, un roastbeef, aterrizaje y a esperar. Y siempre pasa lo mismo. Haga lo que haga la snowboarder catalana, de 36 años, ya en sus sextos Juegos, siempre gana una norteamericana llamada Chloe Kim, 11 años más joven y dos veces campeona olímpica, camino de tres. Ocurrió en Pieonchang 18 (Castellet, sexta) y en Pekín 22 (segunda, la deportista de Sabadell).
Y ocurrió de nuevo en la calificación para la final del jueves (19.30, Tdp): Kim, primera, la única por encima de 90 puntos; Castellet, séptima entre las 12 que pasaron. Su puntuación, 81, es tres puntos superior a la que le valió para ser cuarta en la calificación de Pekín. Entonces, con 66 puntos se pasaba a la final. El corte en el snowpark de Livigno se fijó en 75. “Entonces, el triple era la maravilla de las maravillas que muy pocas conseguían, ahora quien no lo plancha no existe”, dice Olmo Hernán, director deportivo de la federación española. “Y Queralt sigue ahí. Resiste arriba en un mundo que no para de cambiar. Es, sin duda, una de las mejores deportistas españolas del siglo. Hizo dos rondas supersólidas. Es la única europea en un deporte cada vez más asiáticoamericano”.













