El fundador de la plataforma de mensajería critica que le llamen oligarca ante las restricciones del Kremlin y Europa

La pugna entre los Estados y las tecnológicas por el control de Internet continúa con la apertura de otro frente en Rusia, donde el Kremlin ha reforzado su bloqueo sobre Telegram. La delgada línea entre la lucha contra la ciberdelincuencia y

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Telegram y WhatsApp tienen en torno a 94 millones de usuarios en Rusia. Con sus canales con cientos de miles y millones de seguidores, la plataforma de Dúrov es, además, uno de los principales accesos a información de los rusos debido al veto sobre los medios de comunicación independientes. Y también, gracias al cifrado de las comunicaciones, una vía para acciones ilegales, como el narcotráfico o criticar al Gobierno. El problema en Rusia y otros países, más allá de la plataforma, es qué acciones son consideradas delito.