En política, se asume que sucederán determinados hitos y se vive a la espera de que llegue un momento clave

Todo lo que pasó estaba escrito de antes: por eso hicieron que pasara. Todo lo que pasará está escrito también de alguna manera, y por eso quieren que pase. En la época más imprevisible, la vida política española se ha ido a sumir en una cadena de actos que las encuestas anticipan con cierta precisión. Ahora, las noches electorales ya no guardan sorpresas.

Se sabía que el PP ganaría las elecciones en Extremadura y que las ganaría en Aragón, aunque en el partido no contaban con dejarse dos escaños. Se sabía que el PSOE se hundiría en Extremadura y que en Aragón se asomaría al abismo de romper su peor registro. Se sabía que, en ambas comunidades, Vox se iba a disparar. Los sondeos apuntan tendencias similares para las próximas elecciones, que son las de Castilla y León, con la duda —la primera duda de verdad— de saber qué ocurrirá en Andalucía. Es decir, si Juanma Moreno revalidará la mayoría absoluta o quedará también en manos de Vox en la comunidad más poblada de España.

La política, que viene de tantos giros de guion, parece instalada en la irreversibilidad de los hechos: está pasando lo que ya se sabe. Se asume, pues, que sucederán determinados hitos y se vive a la espera de que llegue un momento clave. Lo será para Pedro Sánchez y para Alberto Núñez Feijóo: las próximas elecciones generales. En eso están, o eso parece. Están a la espera.