Fernández, que volvió a España en noviembre tras 19 años fugado, paga 3.500 euros de intereses de la sanción cuando el consistorio considera deben ser más de 250.000
Tras 19 años prófugo de la justicia, Carlos Fernández, concejal condenado en la Operación Malaya contra la corrupción en el Ayuntamiento de Marbella (Málaga, 160.000 habitantes), volvió a España el pasado noviembre. Lo hizo tras un pacto con la Fiscalía que incluía evitar la cárcel tras reconocer dos delitos, el pago de una multa de 4.000 euros y el abono de una indemnización de 258.000 euros más intereses al consistorio marbellí, cifra recogida en la sentencia del caso Saqueo II que condenó en 2013 al antiguo edil del Partido Andalucista. Este ha hecho ya el pago al municipio y ha sumado 3.500 euros de intereses, pero Marbella considera que la cifra supera los 250.000 euros. De ahí que ahora el ayuntamiento vaya ahora a reclamar al juzgado lo que considera que es suyo.
Fernández ha sido el concejal más mediático de un caso tan mediático como Malaya. Tras comenzar en la política junto a Jesús Gil y luego llegar a teniente de alcalde de Marbella por el Partido Andalucista, fue detenido en la macrooperación contra la corrupción urbanística en la ciudad malagueña. Fue acusado por la fiscalía de prevaricación, malversación y cohecho pasivo por recibir, presuntamente, 150.000 euros de Juan Antonio Roca, considerado líder de la trama corrupta. Había sido condenado ya a dos años y medio de cárcel por otro caso anterior, pero esta vez la fiscalía pedía entre ocho y diez años. En junio de 2006, tras declarar ante el juez Miguel Ángel Torres —instructor del caso— decidió convertirse en fugitivo. Se fue a hacer el Camino de Santiago y se le perdió la pista en un hotel de Ponferrada. Luego se supo que había cruzado la frontera hasta Portugal para volar a Brasil y, de ahí, entró en Argentina el 2 de julio de aquel año. Hasta que el pasado noviembre volvió a España, casi dos décadas después. “He perdido 20 cumpleaños, 20 navidades, mi padre ha sufrido un infarto, mi madre también ha estado muy delicada y todo lo vivo en la distancia con amargura. Pero me he sentido siempre en paz, políticamente, en todos los sentidos”, relataba en una entrevista a EL PAÍS.






