Las brigadas voluntarias de extinción se multiplican en el sur de Argentina ante la lentitud e insuficiencia de recursos del Estado

A más de 1.700 kilómetros al sur de Buenos Aires, los habitantes de la patagónica Comarca Andina dejaron de ver el sol con normalidad. Desde hace más de un mes, las llamas devoran los bosques nativos, los pastizales y más de un centenar de casas de esta región de la provincia de Chubut, en el sur de Argentina. Son los incendios más graves de la última década y ya se consumieron más de 55.000 hectáreas, el equivalente a casi toda la ciudad de Madrid, según informes del Servicio Provincial de Manejo del Fuego (SPMF). Con un Estado que llega tarde y con pocos recursos, las brigadas voluntarias se multiplican para salvar todo lo que sea posible.

El primer incendio comenzó a mediados de diciembre, tras la caída de un rayo en una zona de difícil acceso del Parque Nacional los Alerces. La sequía extrema, los vientos persistentes y las altas temperaturas facilitaron que el fuego se mantuviera activo durante semanas y terminara por expandirse hacia áreas habitadas.

En enero, otros focos intencionales agravaron la situación y convirtieron la emergencia en un fenómeno regional. Desde entonces, el humo se volvió parte del paisaje cotidiano. El cielo adoptó un tono opaco y la rutina quedó alterada en pueblos pequeños, donde la primera respuesta no provino solo de los organismos oficiales, sino también de los propios vecinos.