Una nueva traducción del cuento de Herman Melville, protagonizado por un mítico oficinista gris, le sirve a Daniel Gascón para trazar un irónico retrato del cansancio generacional

“Preferiría no hacerlo”. Pocas frases han hecho tanto con tan poco. Con ella, Herman Melville levantó en 1853 el retrato definitivo de una resistencia pasiva, sin violencia ni apenas vehemencia. El texto apareció primero por entregas en Putnam’s Magazine y reapareció, con retoques mínimos, tres años más tarde en The Piazza Tales...

. Desde entonces, ese oficinista gris, sin biografía ni atributos heroicos, que se limita a desobedecer con educación a su superior inmediato, no ha dejado de producir lecturas, comentarios y apropiaciones. De Gay Talese a Deleuze, de Vila-Matas a José Luis Pardo. Daniel Gascón se incorpora ahora a la nómina de intérpretes de un cuento aparentemente menor que, sin embargo, ha generado una sobreabundancia de sentidos a partir de una negativa cortés y condicional: I would prefer not to.

Los nuevos Bartleby. Crónica de un cansancio colectivo es uno de esos libros que pueden leerse como algunos hacen con los periódicos de papel: empezando por el final. En las últimas páginas del volumen se presenta una nueva traducción del relato de Melville, firmada por Francisco M. Soria. Volver al texto original antes de adentrarse en el comentario permite recordar hasta qué punto Bartleby sigue siendo una criatura incómodamente vigente. Aunque escrito a mediados del siglo XIX, el relato parece anticipar algunos de los rasgos más persistentes de nuestro presente: la oficina como ecosistema angustioso, el trabajo como coreografía absurda, la obediencia como reflejo automático. El despacho neoyorquino de 1850 no está tan lejos del coworking de 2026. Sobre esa continuidad se construye el libro: Bartleby funciona como espejo en el que poder mirarnos y, por desgracia, reconocernos.