El arresto, unas horas después de su liberación, pretende dar una imagen de control del régimen. “Hay gente que cree que puede hacer lo que le da la gana”, advierte Diosdado Cabello

En Venezuela, cada gesto de apertura viene acompañado de un recordatorio de quién manda en el país. El nuevo arresto del dirigente opositor Juan Pablo Guanipa apenas unas horas después de su excarcelación irrumpió como una señal de advertencia que contradice el espíritu de apertura política que...

viene ensayando la presidenta encargada Delcy Rodríguez desde el pasado 3 de enero. El abrupto arresto —con hombres fuertemente armados vestidos de civil—constituye un recordatorio de quién tiene el control del país, aún después de los cambios y promesas que se han sucedido en poco más de un mes.

El arresto tomó por sorpresa a dirigentes políticos, defensores de los derechos humanos y observadores internacionales que habían interpretado la liberación de presos políticos —y en concreto la de un nutrido grupo de colaboradores y personas cercanas a María Corina Machado, como Guanipa— como un gran avance en esta nueva fase de chavismo sin Maduro.

Guanipa fue liberado este domingo tras pasar ocho meses en prisión junto a otros dirigentes políticos del partido de Machado. Nada más salir de prisión, el opositor, acompañado de decenas de seguidores y otros dirigentes también excarcelados, como Jesús Armas, hizo un recorrido por algunas avenidas de Caracas, entre vítores y aplausos. La iniciativa, una más de un despertar creciente de la protesta ciudadana protagonizada por familiares de presos, estudiantes y activistas, no gustó al oficialismo.